Acaros en ornamentales

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Arañitas (Acari: Tetranychidae): megaplagas de cultivos ornamentales*

  • Publicado en: Memorias Sociedad Colombiana de Entomología (Socolen) XXXVII Congreso, Bogotá, Colombia, junio 30, julio 2, 2010.


Spider mites (Acari: Tetranychidae): key pests of ornamental crops

Edison Torrado-León1
1Director General. NaturaVisión Ltda. edisontorrado@naturavision.com

Los ácaros tetraníquidos, con especies como Tetranychus urticae Koch y T. cinnbarinus (Boisduval),
corresponden al grupo de megaplagas agrícolas, junto con los áfidos, los trips y algunas especies de
polillas, entre otros. Estos tienen varias características que les permiten estar en este estatus. El término
megaplaga es denominado por el presente autor para referirse a aquellas plagas que cumplen con
algunas características que están relacionadas con su estilo de vida, producto de la adaptación a
ambientes en permanente cambio o procesos de sucesión ecológica. Entre las características más
importantes se encuentran las siguientes: 1. su alta movilidad con gran capacidad de dispersión, 2.
presentan hábitos generalistas o polífagas extremas, es decir, que se alimentan de diferentes especies de
plantas que pertenecen a varias familias, 3. tienen ciclos de vida cortos, 4. las tasas de mortalidad son
altas, las cuales minimizan por sus tasas de natalidad alta. 5. Finalmente, no invierten energía en la
elaboración de sustancias químicas o desarrollan morfologías contra sus enemigos naturales. No
obstante, esto es compensado con la estrategia para derribar los mecanismos de defensa de las planta.
Lo anterior, es producto de la adaptación a la polifagia extrema, como habilidad para encontrar alguna
fuente de alimento en un ambiente en permanente cambio. De acuerdo con Schoonhoven et al. (2006),
en general las especies invasivas están caracterizadas por la polifagia (generalistas) y carecer de
enemigos naturales. En el caso de los ácaros tetraníquidos, con especies como Tetranychus urticae y T.
cinnbarinus, estas características se cumplen como se describirá a continuación.
Movilidad
Los ácaros T. urticae y T. cinnbarinus cuentan con dos mecanismos de dispersión para alcanzar nuevas
fuentes de alimento y refugio: 1. la movilización activa, que realizan a través de caminatas entre las hojas
y plantas, e incluso alcanzan el suelo para llegar a nuevos hospederos como arvenses y otras plantas. 2.
La dispersión pasiva en campo, realizada por medio de fuertes vientos o anemocoria, y con foresía o
zoocoria, es decir a través de animales, los cuales accidentalmente se adhieren a la seda que los ácaros
producen en el momento en que pasan donde hay altas densidades de población (Boyle 1957) (figura 1).
En hembras de T. urticae se registró que éstas levantan las patas anteriores o posteriores con el fin de
subir el cuerpo y mantenerlo recto de frente al viento (Kennedy y Smitley 1985). Las telarañas de seda
son generadas por las glándulas prosomales que tienen en la boca. De acuerdo con Mothes y Seitz
(1981), para los machos y hembras de la especie T. urticae las glándulas están conformadas por cinco
pares y una impar, que se extienden lateralmente en ambos lados del esófago, dentro de los pedipalpos.
Las secreciones pasan a través del canal podocefálico y alcanzan la boca en la parte apical de gnatosoma.
La dispersión antrópica se constituye como una de las fuentes de diseminación de los ácaros
tetraníquidos más importante dentro de los cultivos comerciales de ornamentales de corte. De acuerdo
con Acosta (1992), los ácaros T. urticae y T. cinnabarinus se han registrado, prácticamente, en todos los
sitios que visitan a diario los operarios como bodegas, áreas de recreación y cafeterías, entre otros. Al
interior de los invernaderos se han encontrado ácaros caminando sobre materiales diversos como
metales, cuerdas, maderas, plásticos y telas, incluso en infraestructuras elevadas como las cumbreras de
los invernaderos.
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Figura 1. Individuos de la arañita roja T. cinnabarinus concentrados en el ápice de una hoja y abundante
telaraña. Imagen registrada en Funza, Cundinamarca (Foto NaturaVisión 2009©).
Resultados obtenidos por Li y Margolies (1994), sugieren que la variación en el comportamiento de
dispersión aérea de T. urticae es atribuida principalmente a una respuesta del estrés ambiental. La
variación genética en esta conducta de dispersión puede ser mantenida por selección en los individuos
cuando los recursos se agotan, sin embargo, esta se reprime cuando el alimento es abundante. El
comportamiento de dispersión en sí mismo, aunque no se correlaciona con las características
reproductivas, pueden aumentar temporalmente y espacialmente el rendimiento de los ácaros en los
ambientes fluctuantes.
Polifagia
La polifagia de las plagas T. urticae y T. cinnabarinus se ha demostrado ampliamente. De acuerdo con
Bolland et al. (1998), se han registrado más de 900 especies de de plantas hospederas de T. urticae. Una
lista reciente de verificación de hospederos reportan para las dos especies cerca de 1200 especies de
plantas hospederas en 70 géneros. La especie T. cinnabarinus se considera menos polífaga que T. urticae;
sin embargo, debido a que en la literatura muchos autores no separan estas dos especies el rango de
hospederos no es muy claro (Zhang 2003).
Según van de Vrie et al. (1972), la nutrición de las plantas hospederas tiene un efecto directo sobre las
arañitas. Las plantas con altos contenidos de nitrógeno favorecen la reproducción de forma positiva
(Hanna et al. 1982, Wermelinger et al. 1985, Wilson 1994).
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El daño es generado a las hojas y otras estructuras de las plantas por la inserción de los estiletes en las
células epidermales, de las cuales obtienen su contenido. Como consecuencia de esas perforaciones, las
hojas se secan y se tornan quebradizas. La sintomatología del daño se observa en el haz de las hojas, que
inicialmente son puntos blancos como consecuencia de la perdida de cloroplastos. Posteriormente, hay
coalescencia de estos dando lugar a la aparición de manchas cloróticas. En algunas plantas los síntomas
de daños causados por ácaros son de color blanco, pero luego se pueden tornar hacia un color rojizo
como consecuencia de pigmentos antociánicos. Los cambios de coloración de las hojas dependen de la
especie y variedad de la planta afectada (Davies y Albrigo 1994).
Las hojas de las plantas normalmente controlan la pérdida de agua mediante un sistema de estomas, o
válvulas, que pueden abrirse y cerrarse. Cuando los estomas se cierran la superficie de una hoja es muy
resistente a la pérdida de agua. La alimentación de las arañitas rompe este sistema mediante la creación
de agujeros que permiten que el agua escape. Esta pérdida de agua no controlada finalmente termina
por deshidratar la hoja. La escasez de agua causada por la alimentación de arañitas genera una fuente de
alimento de mayor calidad para estos, porque se aumentan los niveles de azúcares y nitrógeno soluble,
los cuales son necesarios para los ácaros (DeAngelis et al. 1982, DeAngelis et al. 1983 a, b y c).
Gawrohska y Kielkiewicz (1999), evaluaron la respuesta de plantas de tomate a los cambios en el nivel
del ácido abscisico (ABA), una hormona vegetal conocida como la hormona del estrés, producidos por la
presión generada por T. cinnabarinus. Con la presencia de este ácaro, se aumentó la concentración del
ABA en la hoja como respuesta a la alimentación, registros que fueron comparados con lesiones
mecánicas, los cuales fueron menores. El incremento de esta hormona en la planta genera como
respuesta el cierre de estomas, disminuye la transpiración, inhibe el crecimiento de la planta y el
desarrollo de algunas estructuras, entre otras.
Estudios histológicos realizados por Avery y Briggs (1968), demostraron que los ácaros dañan
especialmente las células del parénquima esponjoso y el de empalizada, pero no afectan la epidermis.
Ciclos de vida corto y estadios quiescentes
Bajo condiciones controladas de laboratorio (26 ± 1.2°C y 76 ± 4.9% humedad relativa) se demostró que
el tiempo de desarrollo de T. urticae, desde huevo hasta adulto, fue de 11 días. Los huevos presentaron
un tiempo promedio de desarrollo de 4 días. El estado larval presentó un tiempo promedio de desarrollo
de 2 días, mientras que los estadios de ninfa II y III duraron un promedio de 3.9 días (Telenchana 2008).
Según Gallardo et al. (2005), el tiempo de desarrollo de los ácaros tetraníquidos se ve afectado por
factores relacionados con temperatura, humedad, depredación y características de la planta
hospedante, así como por factores intrínsecos de la especie.
Los ácaros de la familia Tetranychidae tiene una metamorfosis gradual típica. Las divisiones de sus
estadios inmaduros son huevo, larva (es la única hexápoda, los demás tienen ocho patas), protocrisalida
(= ninfocrisalida), protoninfa, deutocrisálida, deutoninfa y teliocrisálida. (Acosta 2000). Las crisálidas son
estados quiescentes que no se desplazan ni alimentan, por lo que son considerados subestadíos que
permiten soportar cambios en las condiciones en los cuales se encuentran.
De acuerdo con Molinari et al. (2006), las temperaturas promedio anuales entre 27 y 32°C, así como
precipitaciones bajas, entre 30 y 60 mm, favorecen el incremento de las poblaciones de este ácaro.
Los ciclos de vida corto y rápido desarrollo se presentan varias generaciones por ciclo de cultivo, razón
por lo cual alcanzan altas densidades de población (Acosta 1995, Acosta 2000).
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Los ácaros tetraníquidos exhiben una conducta de vigilancia precopulatoria y poscopulatoria para
asegurar el apareamiento. Para esto, los machos son los primeros en salir de la teliocrisálida, buscan
alimento y posteriormente se desplazan rápidamente buscando a las hembras. La localización se da a
través del olfato al detectar la feromona sexual que éstas liberan. Una vez las encuentran, los machos
permanecen al lado o sobre éstas (figura 2), con lo que evitan que otros machos se acerquen. Este
comportamiento se produce porque sólo la primera cópula es la eficaz para las hembras y condujo a la
hipótesis de que la duración de la cópula de T. urticae se prorrogará por protección postcopulatoria e
impide que las hembras queden fecundadas después de los posteriores apareamientos que ésta tiene
con otros machos, una vez el primero se ha retirado.
Diferentes aspectos de la fertilización de la araña de T. urticae fueron estudiados por Helle (1967).
Después del apareamiento de hembras vírgenes los huevos haploides se producen antes de la aparición
de huevos diploides. A partir de este y otros eventos, se concluye que la fecundación de los oocitos se
produce en una fase muy temprana de desarrollo del huevo. En la fertilización se supone que tendrá
lugar en el ovario y no en el oviducto. Mediante el uso de marcadores genéticos se pudo comprobar que
en la mayoría de los casos la primera cópula es eficaz. Apareamientos posteriores por lo general son
ineficaces. Se sugiere que la fuente de espermatozoides en la primera cópula determina el éxito de los
apareamientos.
Figura 2. Vigilancia precopulatoria de T. urtica. (Foto NaturaVisión 2010).
Esta hipótesis fue probada por Satoh et al. (2001), quienes manipularon el intervalo entre la primera y
segunda cópula de las hembras y encontraron que existe una correlación altamente significativa entre el
intervalo de apareamiento y la proporción de hijos del primer macho. Estos resultados demostraron que
el aumento de la cópula prolongada de los machos asegura la efectividad del esperma y el éxito sobre las
demás cópulas. Así, los machos de T. urticae aumentan su paternidad, no solo por protección
precopulatoria, sino también por la vigilancia postcopulatoria.
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Tasas de natalidad
De acuerdo con Gallardo et al. (2005) la duración del período de oviposición y la tasa de oviposición de
los tetraníquidos cambian con base en las especies de ácaros, así como en las condiciones ambientales
donde se desarrollan. Estos autores encontraron que en promedio puede durar entre 10 y 15 días
ovipositando entre 7 y 13 huevos por día. Según Telechana (2008), durante 11 días la tasa de oviposición
diaria fue mayor en pepino y fríjol con 8.7 ± 4.3 y 8.12 ± 2.6, respectivamente, mientras que en camote
fue de 3.9 ± 2.1.
Mecanismos de defensa
Con el amplio rango de hospederos registrados para los ácaros tetraníquidos, que según Zhang (2003)
son cerca de 1200, la calidad de los nutrientes es variable. Esta depende del nivel de metabolitos
primarios y en la cantidad y naturaleza de los metabolitos secundarios (Rosenthal y Berenbaum 1991).
Numerosos metabolitos secundarios encontrados en las plantas tienen una responsabilidad en la
defensa contra los herbívoros, los cuales pueden actuar como toxicos, factores de disuasión, reductores
de la digestibilidad o actuar como precursores de los sistemas de defensa física (Bennett y Wallsgrove,
1994).
Estudios realizados por Monetti (1995), encontraron que después del desyerbe en plantaciones de
manzano, las poblaciones de T. urticae se estimularon para que afectaran este cultivo, algo que no se
había registrado en la plantación hasta este momento. Existe evidencia que la evolución en el rango
hospederos puede ser rápida, como en agroecosistemas donde las especies de insectos plaga tienen
alterado el rango de hospederos (Phillips y Barnes. 1975). Los datos de procesos mircoevolutivos pueden
proveer información a la luz de los patrones macroevolutivos del rango de hospederos que se pueden
encontrar en la Naturaleza (Gould 1979).
Los ácaros tretaníquidos son una especie altamente exitosa y cuentan con amplio arsenal de estrategias
adaptativas que les permiten explotar la gran variedad de recursos como alimentación. De ahí, que las
estrategias de manejo de estas plagas deben estar enmarcadas dentro del concepto de manejo
integrado de la resistencia de ácaros o MIRA, con el fin de mantener reguladas sus poblaciones (Mesa y
Duque 1994, Acosta 2003).
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